Todo lo que se decide sobre un sofá heredado con la vivienda depende de un elemento que el dueño no ha visto jamás y sobre el que nadie le preguntó al comprar: el bastidor. La tela se cambia, la espuma se renueva, la cinchada elástica se reajusta. El bastidor es el esqueleto que sostiene la inversión.
Un armazón de madera maciza bien ensamblado a espiga y mortaja soporta dos, tres y cuatro retapizados a lo largo de 50 años. Uno de tablero aglomerado prensado con grapas no: en cuanto ha trabajado unos años, las uniones ceden y lo que se abrió se volverá a abrir aunque lleve una tela de doscientos euros el metro.
Distinguirlos toma treinta segundos: se tumba la pieza, se levanta la tela inferior y se inspecciona la madera. Es la primera comprobación que realizamos en el taller porque decide si la respuesta profesional es un presupuesto o el consejo honesto de no invertir aquí.